Vino y viña
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PLAGAS Y ENFERMEDADES

Plagas y Enfermedades 

La vid es una planta sensible a diversos agentes patógenos y podríamos decir que cuanto más fina es la variedad de uva, mayor es el riesgo de que la cepa y los racimos sean atacados por enfermedades 

En cierto modo es fácil de comprender, pues los vinos finos proceden de piel de uva muy sutil y delicada y es, por lo tanto, blanda y frágil, mientras que en las variedades de uva de piel dura y herbácea la maceración da vinos poco finos y esta dureza de la piel la defiende de ataques exteriores 

Además de ser la vid sensible a diversos ataques de bacterias, hongos o insectos, las épocas en sentido amplio, han tenido influencia importante. La segunda mitad del siglo pasado fue definida por dos nuevas enfermedades que se afincaron en las viñas europeas: el oidio y la filoxera. 

Y recientemente, en la última década, han aparecido enfermedades en las viñas que, si bien no son devastadoras, si son novedad en su apreciación o en su incidencia, como son las virosis y los ácaros. 

Acaros

Acaros

Desde los virus hasta la mariposa de la piral de la vid existe una variación de tamaño enorme. La mariposa de la piral es, al menos, un millón de veces mayor que los virus que existen en algunos viñedos. Esto es general en todas las zonas vitícolas y las matizaciones presentan variantes por microclima o por variedad de uva. 

Intentando exponer en la escala de tamaño los agentes de enfermedades más típicos de las viñas, en primer lugar podemos hablar de los virus, de escasa transcendencia pero de ineludible interés científico. Se cree que pueden afectar no a la calidad del vino sino a la productividad de la cepa. Presentan tamaños de varias millonésimas de milímetro y su manifestación es producir poca uva, cambiar en algunos casos el color de la hoja o la longitud de los sarmientos o producir sarmientos dobles. 

El viticultor no se ve inquietado por estos gérmenes en lo que respecta a la calidad de la uva pero sí en la cantidad. No sabemos desde cuándo pueden existir algunos viñedos con virus. Sabemos tan sólo que recientemente nos hemos dado cuenta de ello. Las nuevas plantaciones de vid ya tienden a realizarse con garantía de ausencia de virus. 

Siguiendo las escala de tamaños podemos fijarnos en una bacteria de milésima de milímetro, que produce necrosis o muerte de algunos tejidos de la cepa, retrasando la brotación, produciendo manchas negras en la madera o en la médula del sarmiento, incluso en su parte externa, y dando racimos de pocos granos de uva. No es enfermedad antigua. 

No es importante su incidencia, pero la exponemos como caso raro e interesante, pues las bacterias que atacan a la vid son muy pocas. Esta enfermedad se combate fácilmente y se corrige con desinfección de las tijeras y de los cortes al podar la vid. Es una enfermedad que ataca al Garnacho tinto que, en líneas generales, es variedad muy resistente a otras enfermedades 

Oídio en la uva

Mayor aún en tamaño que las bacterias son los mohos y hongos que atacan a la vid y se conocen en el medio vinícola como critógamas. Podemos enumerar dos enfermedades muy importantes: el oidio y el mildew. El tamaño de estos hongos es variable y difícil de precisar y va desde unas milésimas de milímetro en las esporas hasta décima de milímetro en el filamento. 

Ataque de oídio

Ataque de Oídio

El oidio es una enfermedad nueva en Europa desde mediado el siglo pasado. Procede de Norteamérica y se apreció su efecto a finales de siglo XIX. El riesgo de enfermedad persiste constante desde entonces y se combate fácilmente con polvo de azufre sobre hojas y racimos, que por efecto del calor del sol produce vapores sulfurosos que matan al hongo, ya que éste se desarrolla externamente sobre hojas y racimos. 

Si no se combatiera, los efectos serian desastrosos pues ataca a las hojas produciendo granulaciones y en los racimos origina pilosidad grisácea, que los viticultores llaman “cenicilla”, llegando a rajar la uva evitando que madure. 

Ataque de oídio

Otra enfermedad criptogámica muy importante es el mildew. Su importancia radica en que penetra en los órganos tiernos de la vid desarrollándose por dentro, siendo, por lo tanto, muy resistente a los tratamientos curativos. 

El viticultor lo combate con diligencia y compuestos de sulfato de cobre, pero lo fundamental es la oportunidad de actuación. Es enfermedad de riesgo constante, que incide cuando hay humedad y cierto grado de calor. A veces, esporádicamente, como en 1972, alcanza virulencia extremada pudiendo arrasar comarcas vitícolas con daño intenso. 

No sólo mueren los órganos verdes sino que también contamina el tronco. Así, en 1972 miles de hectáreas en España desaparecieron para el cultivo de la vid por una invasión de mildew que apenas se desarrolló en una semana de junio. 

Ataque de Mildiu

. El mildew ataca las hojas dando mancha aceitosa en principio y después la destruye totalmente. Lo mismo puede hacer con el racimo. 

Los mohos también pueden atacar a los racimos en la época de maduración, en el momento de la vendimia, como ocurre con el moho Botrytis, que se desarrolla sobre uvas blandas destrozando el racimo y dando mostos de color deficiente, muy oxidable y vinos de color inestable. 

Mildiu en la uva

Los ácaros son enemigos de la viña que han surgido en este panorama desde hace dos décadas. Las irregularidades climáticas de esta época han dado primaveras frías, con brotaciones titubeantes que han permitido la proliferación de estos ácaros, arañuela roja, araña amarilla y acariosis, que devoran fácilmente los tiernos brotes y las incipientes hojas 

. En principio, al inicio de los años setenta, el impacto fue considerable y temíamos una escalada de daños por ácaros, pero, paso a paso, el viticultor, con cuidados de invierno sobre la madera podada, ha sabido atajarlo. Hoy no constituye peligro, aunque el riesgo persiste. 

Y en la escala de tamaño de atacantes a las viñas ocupan el extremo de mayores proporciones los insectos. 

Son diversos los insectos que atacan a los viñedos y no existen diferencias de la cualidad de estos agresores entre las diversas regiones vitícolas. 

De gran importancia es la filoxera, que ha afectado, devastado y condicionado todos los viñedos de Europa. Su origen, como el del oidio, es norteamericano. Ambas invasiones pasaron en una primera etapa a Inglaterra y después al continente. La filoxera se acercó a los viñedos españoles por vía marítima. A través de Oporto y de Málaga, en 1880 va penetrando en la península. Llegó antes por mar a Burdeos y al Midí francés, desde donde se extendió a Rioja y Cataluña. Rápidamente se trabajó la viticultura adecuadamente, mediante portainjertos de vid americana resistentes a la filoxera y parte superior (injerto o vinífera) de vid europea de las distintas variedades 

Cepa atacada de filoxera

  

La filoxera presenta dos formas vivas, una radicícola o de ataque a la raíz, picándola y creando nudosidades que le hacen perder vitalidad y otra forma aérea, con alas, que pica las hojas, produciendo agallas o abolladuras, pudiendo, si son intensos los ataques, hacer desaparecer los órganos verdes. 

Este pulgón constituye la más temible invasión de los viñedos y se halla latente en todos los del mundo, siendo el único modo de combatirlo la creación de plantas con raíz de vid americana que resiste a la forma radicícola de la vid y parte aérea europea que da uvas de calidad y resiste más que la americana a las picaduras de la forma alada de la filoxera. 

Otro insecto importante como daño posible de la vid es la “piral” En primavera surgen sus larvas de entre las rugosidades de la corteza del tronco y devoran los brotes tiernos, incluso los incipientes racimos, pasando posteriormente a la forma de crisálida, apareciendo la forma de mariposa. Es fácil atajar este insecto por parte de los viticultores. 

Las plagas y enfermedades afectan al vino en el doble aspecto de cantidad y calidad de uva. El primer efecto de una enfermedad es mermar la producción. Una etapa más intensa de ataque también retrasa la maduración dando vinos de sabor verde, de poco color y acaso de poco grado, por lo tanto no aptos para el largo envejecimiento que es deseable en muchas zonas de España. 

Estos son los defectos generales. Pero los ataques que la vid recibe en la época de maduración, como es la invasión de mohos de Botrytis, disminuyen la cantidad de uva pero concentran azúcar resultando menos vino pero de mayor graduación, aunque presenta, también, como inconveniente un sabor alterable. 

Todos los años los técnicos hemos de afrontar la vendimia como un dilema: o vendimiar pronto uva sin Botrytis, de poco azúcar, o vendimiar más tarde uva de más azúcar pero con mohos de Botrytis. La elección es sencilla, vendimiar tarde y tratar en bodega de anular los Botrytis. 

Ataque de Botrytis

PARÁSITOS Y ENFERMEDADES. 

Los hongos pueden anidar en los restos de viejas raíces y dar lugar a infecciones y daños en las jóvenes estacas. En todos los viñedos están presentes también las virosis. El vehículo de transmisión de las virosis a las nuevas estacas lo constituyen las viejas raíces, que pueden permanecer en el terreno perfectamente vivas durante más de un año y una vez muertas dejan residuos dañinos durante bastantes años, especialmente los nematodos (sobre todo el Xiphynema index) que parasitan las raíces. Los nematodos por sí solos ya representan un hecho negativo, porque atacan el aparato radicular de las plantas cuando todavía son jóvenes y poco desarrolladas. 

Una buena práctica es la fumigación del terreno. Ésta es obligatoria para las instalaciones de material de propagación, sea la que sea la presencia de nematodos o virosis. 

Se usan fumigantes de tipo y fórmula diversa (dicloropropano-dicloropropeno o dibromometano), en forma líquida o granular. Algunos tienen sólo acción nematicida, otros actúan también sobre las plantas, ante todo matando las viejas raíces de la vid y también como fungicidas. 

La eficacia nematicida de los tratamientos no es completa; un pequeño porcentaje de nematodos consigue escapar y se reproduce; no obstante, su número es muy reducido durante los primeros años de desarrollo de la vid. 

El coste elevado de estos tratamientos y el hecho de que obligan a retrasar la plantación en primavera, y a veces en otoño, hacen que estén poco difundidos. 

Parásitos como el mildiu o peronospora, se dan infaliblemente. La rapidez de desarrollo de la infección depende de la temperatura, de la humedad y de la virulencia del hongo, los consorcios antimildiu fijan la fecha de los tratamientos en base a una recogida sistemática y a tiempo de estas informaciones. 

En el caso de la lucha contra la polilla, la recogida de datos consiste en el empleo de trampas de feromonas. Por el número de mariposas capturadas en las trampas se puede deducir el momento oportuno de la intervención, así como el grado de peligrosidad del parásito. En este caso el objetivo de la información no es sólo fijar el momento de la intervención, sino también intervenir solamente en casos de necesidad. 

En efecto, son de temer los efectos colaterales o secundarios del tratamiento insecticida. Muchos insecticidas en realidad favorecen la multiplicación de ácaros o cicadélidos, ya sea por la desaparición de sus parásitos y depredadores, ya por la fitotoxicidad que determinaría en las plantas una composición de jugos celulares apta para el parásito (trofobiosis). 

Estos efectos colaterales son, en muchos casos, de suma importancia, aun en el caso de productos anticriptogámicos. Por ejemplo, la sustitución con productos orgánicos de síntesis de los tradicionales productos de cobre ha determinado una mayor incidencia de la Botrytis cinerea. 

Las plagas y enfermedades que más incidencia tienen en la vid son: Peronospora, Oidio, Botrytis Cinerea, Araña Roja, Araña Gallo, Tortrix, Cigarrero y Cigarra. 

Algunos parásitos presentes en el campo, como el mildiu y el oidio, pueden deterirar los racimos; el más peligroso es el moho gris (Botrytis Cinerea), porque puede seguir desarrollándose después, incluso a temperaturas muy bajas, o infectar durante la conservación partidas inicialmente sanas. 

Parásitos que pueden hacer su aparición durante el periodo de conservación son hongos del género Penicillium (mohos verdeazulados) o Alternaria, Cladosporium y otros (podredumbre negra). En el caso de la podredumbre gris es importante la lucha preventiva; partidas que hayan sido ya atacadas no pueden ser destinadas a una larga conservación. Durante el periodo de mantenimiento el método más eficaz y usado con mayor frecuencia es el anhídrido sulfuroso, suministrado por vía gaseosa o como metabisulfito. 

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