Vino y viña
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LA PLANTACION Y LA PODA

La plantación

No es sencillo plantar o “poner una viña”. Todos los suelos son prácticamente aptos, pero es conveniente desechar los muy ricos suelos “negros” y los muy fríos o sometidos a riesgos de heladas. Los primeros darían mucha uva pero de poco grado y los últimos darían uvas muy verdes.

Elegido el terreno, hay que pensar que la vid lanza raíces a profundidad y es por ello preciso darle campo en vertical, lo cual se hace con subsoladores o volteadores hasta un metro de profundidad. Fácilmente comprenderemos que el uso de tractores han ampliado el campo de actuación de la vid en profundidad.

Es preciso tener en cuenta también que después de arrancada la viña, el suelo debe cultivarse con cereal o leguminosa durante cinco o seis campañas antes de poner viña de nuevo, aunque hoy existen tratamientos especiales que pueden acelerar ese proceso.

¿Qué cepa plantar?. Este es el primer interrogante que se plantea el viticultor, que a su vez es doble por se doble la individualidad de cada cepa. Sus raíces proceden de un tipo de vid, es lo que se llama “pie” y su parte aérea de otro tipo que se conoce por “vinífera”. La razón de este origen doble da cada cepa radica en la necesidad de disponer de raíces potentes y de buenas uvas. El pie se elige de acuerdo con el tipo de suelo y la vinífera en función del tipo de vino que se quiera conseguir dentro de las variedades básicas.

¿Cuántas cepas por hectárea? Tradicionalmente en Ribera del Duero se plantan entre 2.000 y 2.300 cepas, aunque la densidad de plantación de la Denominación de Origen está comprendida entre un mínimo de 2.000 y un máximo de 4.000.

En Rioja tradicionalmente se plantan de 2.500 a 3.500 cepas por hectárea.

Una vez realizada la labor de profundidad se procede a disgregar los terrenos para permitir un hincado de la planta sin huecos que puedan helarla o secarla. Y se procede al marcado con cuerda y estacas para determinas las líneas y calles.

Hoy día, al pretender utilizar medios mecánicos de laboreo con tractores, se precisa dotar a la viña de calles más amplias y surge la necesidad de considerar si las “calles” deben tener una u otra orientación para recibir luz solar, para defenderse de los vientos, para evitar la erosión de lluvias o para mejor conducir las operaciones de tractor.

La plantación suele realizarse a partir del 15 de Febrero hasta el 20 de Abril aproximadamente.

La poda

Decíamos en capítulos anteriores que la vid es una planta delicada. Sin cuidados, degenera tomando un aspecto selvático y decayendo en su producción.

La poda es la operación anual de corte de madera para evitar la formación de cultivos intrincados, para regular la producción, para darle consistencia a la cepa y para facilitar las labores de labrado del suelo.

Se puede distinguir entre poda en verde o poda en seco. La primera se realiza en noviembre o diciembre, también en marzo y la otra en pleno invierno, en enero o febrero.

Generalmente, la época de poda es pleno invierno, es decir, se trata de poda en seco pero hay muchas zonas donde se hace también poda verde, por ejemplo en zonas altas de Rioja Alavesa y de Rioja Alta que son propensas a heladas de primavera, de efectos nefastos para la calidad del vino, se practica la poda verde; también en la Ribera del Duero últimamente se hace poda verde, entre otras cosas para eliminar follaje y a la vez se elimina “carga” de la cepa, es decir se quitan racimos, sobre todo en las viñas jóvenes. Después de la vendimia la hoja agosta y se cae mientras la savia de hojas y sarmientos desciende lentamente hasta el tronco para acumularse allí y constituir las reservas invernales que darán fuerza a la nueva brotación. Si podamos en plena fase del descenso de savia, cuando aún el sarmiento está algo verde, se retira parte de la savia, es decir, se disminuyen las reservas que se acumularían en invierno en el tronco y la brotación en primavera contaría con poca fuerza y las heladas que surjan pueden hacer menos daño por retrasarse la salida de yemas y hojas. Si podamos en pleno invierno, cuando las reservas ya han bajado al tronco, éstas empujarán la brotación con fuerza y las posibles heladas tardías pueden sorprender órganos tiernos. Por lo tanto, una poda en verde, es decir, con savia en movimiento, retrasa la brotación y defiende de las heladas de primavera o heladas invernales tardías y una poda en seco, en pleno invierno, no defiende de este riesgo

Pero si se pretende hacer una poda tardía, en marzo, cuando ya la vid ha llorado, en general ocurre que la viña mantiene un aspecto selvático y dificulta el trabajo en el terreno. En esos casos se hace una “prepoda” o poda limitada, de sólo un recorte de sarmientos en diciembre, para en marzo recortar hasta la poda auténtica.

La formación de la cepa puede ser en “vaso”, es decir, tres vasos ascendentes, o en espaldera. En la formación en “vaso” cada brazo se dejan dos “pulgares” y en cada pulgar dos yemas. De este modo, las yemas totales por cepas son doce. Si después pensamos que de cada yema surge un sarmiento y que cada sarmiento arroja dos racimos de uva podremos deducir que cada cepa produce veinticuatro racimos. Pero estas matemáticas son las óptimas, las cuentas teóricas, puesto que numerosos factores retraen esta cantidad, como son:

a. A veces deficiencias impiden formar tres brazos por cepa.

b. Heladas de primavera a veces anulan yemas.

c. La floración y fecundación no es siempre igual, por lo tanto el “cuajado” del racimo es diferente cada año con más o menos bayas o granos de uva.

d. Las plagas y enfermedades pueden aminorar o anular el desarrollo de racimos.

e. Las condiciones de maduración pueden hacer que el azúcar dentro de la uva sea mayor o menor, resultando racimos de distinta densidad y, por lo tanto, pudiendo variar el peso de la vendimia.

De este modo podemos comprender que sobre veinticuatro racimos teóricos pueden llegar a recogerse como promedio por viña muchos menos y de peso variable.

Este tipo de poda de doce yemas es el típico riojano pero en algunos casos vemos desarrollos atípicos que pretenden dejar más yemas de doce para producir más racimos. Es lo que se llama “poda larga”. Es algo fraudulento, que el Consejo Regulador de la Denominación de Origen de Rioja persigue, y en su reglamento especifica que la poda permitida es a doce yemas, limitando también la producción a un peso final total de 6.000 Kg. de uva tinta por hectárea y de 9.000 Kg. para uva blanca

Por ejemplo en Ribera del Duero, los sistemas de poda según el reglamento del Consejo Regulador son los siguientes:

El tradicional sistema en “vaso” y sus variantes, con una carga máxima de quince yemas por cepa sobre un máximo de seis pulgares.

La poda en “espaldera” se ajustará a las siguientes prescripciones:

En el sistema de doble cordón, la carga máxima será de 16 yemas por cepa.

En el sistema de vara y pulgar , la carga se distribuirá en una vara y uno o dos pulgares de dos yemas con un máximo de 12 yemas por cepa.

En atención a la densidad del viñedo en ningún caso podrá superarse el límite máximo de 40.000 yemas por hectárea.

¿Es opuesta la cantidad a la calidad? Sí. Cuando el viticultor decide conseguir más uva con poda larga el vino resultante de esta uva es de inferior calidad que si hubiera podado reglamentariamente.

No obstante, la naturaleza puede permitirse estas actitudes antirreglamentarias puesto que algunos años las condiciones climáticas se combinan tan afortunadamente que las cantidades de uvas conseguidas por hectáreas son copiosas y la calidad del vino excelente. Así ocurrió en 1964, 1970, 1981, 1985, 1989, 1994 y 1995.

La poda a dos yemas en vaso se hace cortando el sarmiento anterior ligeramente por encima de las dos yemas inferiores, y cada año se suelen dejar estas yemas en el sarmiento más bajo de las precedentes. De este modo la cepa va ascendiendo en suave zig-zag en “uve”, pero en cepas jóvenes se tiende a dejar las yemas en el sarmiento más ascendente y en las muy viejas en los más descendentes, que suelen ser los de yema anterior más baja.

Se ha podido comprobar que en comarcas de la zona occidental de Rioja, la uva recibe en vegetación suficientes nutrientes del suelo y de productos elaborados por la hoja, pero no siempre se llega al grado óptimo de iluminación de los racimos, por la sombra de sarmientos y hojas. Tal falta de luz puede acarrear una baja formación de color en algunos años fríos. Por tal motivo, para que el racimo reciba más luz, se viene aplicando la poda en alambrado, por la cual el sarmiento pasa de la posición vertical a la horizontal. Se sujeta así y deja el racimo más a iluminaciones laterales y desde lo alto.

Este tipo de plantaciones se realiza además, considerando la anchura de las calles y orientación, para el aprovechamiento ideal de la luz solar. En terreno llano, la orientación aconsejada de filas de cepas es de Nor-Noroeste a Sur-Sureste

Respetando los límites reglamentarios de producción este sistema de conducción de la vid puede dar más calidad en la uva.

Este sistema recibe también el nombre de “poda en espaldera”.

2 comentarios to “LA PLANTACION Y LA PODA”

  1. ME SIRVIÓ MUCHO ESTO PARA MI TESIS

  2. Resulta interesante, pues de casualidad se me dio una planta de uvas y la cuido como a un hijo.


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